Vida diaria

Trabajar desde la casa con niños: expectativa vs. realidad

Trabajar desde casa

 

Trabajar desde casa

 

¿Les pasó a ustedes, colegas mamás, que antes de tener hijos tenían súper claro cómo serían algunos aspectos de su vida como madres, pero con el tiempo todas esas certezas se fueron a las pailas? Bueno, déjenme decirles algo: no están solas.

Cuando estaba en la universidad, me sentía súper capa sabiendo que cuando tuviera hijos podría compatibilizar mi vida profesional y mi vida familiar, trabajando desde la casa y cuidando a mis hijos al mismo tiempo. Estudiaba traducción y la opción de trabajar de manera independiente desde mi casa era la más concreta.

Tenía yo, inocente pajarito, la siguiente imagen en mi cabeza, que yo misma me había pintado tratando de imaginar un futuro del que en realidad no sabía nada: figuraba yo sentada en mi escritorio, trabajando en mi computador con concentración absoluta, a puertas cerradas en mi propio estudio. En esta misma imagen mental estaban mis hijos chicos (en número indeterminado) jugando tranquilamente en su pieza, en silencio, respetando sin cuestionamientos las reglas de la casa que decían que cuando la mamá estuviera trabajando ellos no podían interrumpir. Era una escena tan linda que de haberlo podido, la habría enmarcado.

 

Trabajar desde la casa

Ella no tiene hijos. Los míos ya me habrían botado el café encima del computador.

 

Ahora bien, en esta imagen mental, ¿quién cuidaba y alimentaba a mis hijos? ¿Quién los llevaba y los iba a buscar al jardín? ¿Quién se hacía cargo de las labores domésticas, del supermercado, de los doctores y de todos los imprevistos? Al parecer mi imaginación no daba para tanto, porque nunca llegué siquiera a cuestionarme esos detalles.

Después de egresar, trabajé desde mi casa por varios años antes de tener hijos y lo disfruté a concho: trabajaba en pijama, dormía siesta cuando quería, me acurrucaba con un guatero en invierno lejos del frío y la lluvia y no tenía que interactuar con otras personas (¡introvertidos, levanten la mano!). Imaginaba que la situación cambiaría un poco cuando tuviera hijos, pero suponía que taaan distinto no podía ser.

Han pasado varios años desde esa época, y déjenme decirles algo: No. Tenía. Idea. Ahora les detallo a qué me refiero con eso.

 

Expectativa: trabajar mientras los niños juegan

¿Recuerdan mi ingenua idealización del trabajo con los niños jugando en la otra pieza? Creo que esa es una de las ideas más generalizadas que hay sobre el trabajo en casa con niños: que es posible estar sentada trabajando concentradamente en el computador (o en la máquina de coser, o lo que sea) mientras los niños están solo unos metros más allá, jugando tranquilos.

 

Realidad: eso es imposible

Créanme: el único momento en el que se puede trabajar concentradamente es cuando no hay niños en un radio de 100 metros. O cuando están durmiendo. Yo logré conciliar ambas realidades por algunos meses cuando mi hijo mayor todavía era guagua, y eso alimentó mi falsa presunción de que sería así para siempre, pero insisto: es im-po-si-ble. Los niños exigen atención constante (o al menos periódica) y no conocen el silencio. Incluso si los sientas frente a la tele, durante un período de media hora van a necesitar:

a) Mostrarte lo que hay en la tele (y describírtelo en detalle).

b) Ir al baño y que les limpies el poto.

c) Comer.

d) Que les cambies el programa.

e) Comer un poco más.

f) Que hagas salir a una mosca que no los deja concentrarse en la tele.

g) Que los separes para que dejen de pegarse/tirarse el pelo/rasguñarse.

h) Todas las anteriores.

 

Así no se puede, ¿cierto?

 

Expectativa: planificar el trabajo

Sabiendo que trabajar cuando los niños están al lado tuyo (y encima y debajo también) no es una opción, las mentes más organizadas dirán: “Ah, pero es que hay que planificar”. Así, te organizas para cuando los niños estén en el jardín o en el colegio, o para cuando se los pueda llevar la abuela un rato, y así tienes todo un día (o por lo menos toda una mañana) para trabajar en silencio.

 

Trabajar desde la casa: planificar el trabajo

Ella está planificando su trabajo para mañana. Chequeteeeta.

 

Realidad: siempre habrá imprevistos

Cuando de niños se trata, siempre habrá imprevistos que van a echar por la borda los planes que habías ideado tan cuidadosamente, incluso si los niños no están físicamente ahí contigo. Yo he pasado por todos los siguientes escenarios en algún momento de mi vida como mamá:

  1. Los niños amanecieron enfermos y no pueden ir al colegio.
  2. Los niños fueron al colegio pero al rato te llama la profesora para que los vayas a buscar porque no se sienten bien.
  3. Los niños se niegan rotundamente a ir donde la abuela.
  4. Estás sola en la casa pero de pronto recuerdas que tenías que ir al supermercado (si no, no hay comida), hacer la comida (si no, no comen), planchar la ropa (si no, para mañana no hay qué ponerse) o hacer un sinnúmero de tareas domésticas que no pueden esperar.
  5. Te llama alguien desesperadamente porque necesita tu ayuda.
  6. Se corta la luz.

 

Expectativa: trabajar en la noche, cuando todos duermen

Creo que esta es una de las realidades más cuerdas, porque eliminas de raíz varios de los posibles escenarios que te impiden trabajar durante el día. Esta es mi expectativa por excelencia: hago todo lo que tengo que hacer durante el día, con la idea de trabajar en la noche.

 

Realidad: estás tan cansada que no puedes trabajar

He perdido cuenta de la cantidad de veces que me he instalado en la noche, con la intención de trabajar en mi computador (o en mi máquina de coser), con la casa en silencio, un tecito a mi lado, bien cómoda, y me quedo ahí sentada un buen rato, inmóvil, con los ojos a media persiana, tratando de enfocar mi mente en lo que tengo que hacer… y simplemente no puedo. No he parado en todo el día y mi cuerpo interpreta la calma como una invitación a relajarse y empezar a apagar los motores. Y lo hace. Y no me queda que ir a acostarme.

Mamás, háganle caso a su cuerpo. Si están agotadas y pueden descansar, descansen.


Aprovecho acá de hacer un pequeño paréntesis para decirles a todas algo que aprendí a golpes: mamás, háganle caso a su cuerpo. Si están agotadas y tienen la posibilidad de descansar, descansen. Si se sienten agobiadas y hay alguien que pueda ayudarlas, acepten esa ayuda. Hace un tiempo yo me juraba la cabrona del multitasking, la que podía hacerse cargo de la casa, los niños, la pega y el emprendimiento y salir ilesa, la que podía no tomarse ni un solo descanso en todo el día (hasta en el baño trabajaba) y terminé pagándolo caro con una depresión y una angustia de puta madre que no quiero volver a vivir nunca más en la vida. Por eso sé que tengo que cuidarme. Y si estoy cansada elijo dormir, porque sé que lo necesito. Cierre de paréntesis.

 

Expectativa: Netflix, café con las amigas y siestas de vez en cuando

Cuando trabajas fuera de la casa, hay ciertos lujos que no puedes darte. Como ver el estreno en Netflix a cualquier hora, o tomarte un café con tus amigas un miércoles después de almuerzo, o dormirte una siesta si la noche anterior dormiste poco. Y a veces sueñas con trabajar desde la casa y poder hacer exactamente eso.

 

Trabajar desde la casa: mujer agotada

La entiendo tan bien…

 

Realidad: ¡es posible!

Buenas noticias: claro que se puede. A veces, cuando he logrado baipasear todos los posible imprevistos y tengo tiempo de sentarme a trabajar, opto por no hacerlo y en lugar de eso veo una película, o me echo un ratito a dormir, o me junto con mis amigas mamás del jardín a tomarme un café. No siempre se puede (de hecho, la mayoría de las veces no se puede), pero trabajar desde la casa sí me da esa libertad. También me da la libertad de llevar a mis hijos al doctor cuando lo necesitan, de quedarme con ellos cuando se enferman o cuando no hay clases, de cocinar rico y otras cosas que no podría hacer si no fuera por mi trabajo en la casa.

Trabajar desde la casa cuando tienes niños chicos sí es posible, pero no es el paraíso que muchas pensamos en algún momento que sería.


A veces, cuando la falta de vacaciones, o de horarios, o de un sueldo fijo, amenazan con hacerme dudar y replantearme la opción de trabajar desde la casa, pienso en todo lo positivo que significa para mí y me relajo. Los niños son chicos por tan poco tiempo, que sé que mi realidad cotidiana va a cambiar con el tiempo, así que trato de disfrutarla lo más posible.

Trabajar desde la casa cuando tienes niños chicos sí es posible, pero no es el paraíso que muchas pensamos en algún momento que sería. Es agotador, requiere de mucha organización para que funcione, es poco productivo, y si no tienes ayuda en la casa (como es mi caso) significa sumarle un elemento más al malabarismo de todos los días y asumir que en muchas ocasiones habrá que postergarse porque hay algo más urgente que requiere de nuestra atención. Por eso creo que es una buena idea tomarlo como una invitación a mirarnos desde cierta distancia y analizar cómo llevamos nuestra vida, qué nos gustaría cambiar y cómo podemos hacerlo mejor.

Mientras, nos queda seguir haciéndolo lo mejor posible, valiéndonos de nuestra propia fortaleza y de cualquier ayuda externa que podamos recibir, y también ayudando a otras mamás que, al igual que nosotras, están luchando por sacar adelante a sus familias y a sus proyectos personales.

Y a ustedes, ¿les pasa como a mí? ¿Trabajan desde la casa, o planean hacerlo? ¡Cuéntenme, quiero escucharlas!

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