Educación

Por qué elegí la educación Montessori para mis hijos

Educación Montessori

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Elegir dónde y cómo queremos educar a nuestros hijos es agobiante para muchos. Con mayor frecuencia cada vez, el proceso empieza con el horror de la postulación, donde familias enteras, niños y todo, se estresan y angustian durante meses sometidos al meticuloso escrutinio de Un Colegio (así, con mayúscula) que debe decidir si se digna a recibirlos.

Yo no sé ah, pero no me siento cómoda con esa manera de concebir la educación. Porque incluso si superas todas las pruebas y logras entrar al colegio que querías, la competencia sigue. Es una carrera de principio a fin, en la que el buen rendimiento te hace sumar puntos y cualquier dificultad para adaptarse a las normas te empieza a tirar para abajo. Pero es una manera muy eficiente de ampliar y mantener las redes de contacto, además de pavimentar el camino al éxito profesional de los hijos, así que hay que aguantarse nomás.

Aprovechemos de aclarar altiro que toda esta pesadilla es, paradójicamente, un privilegio. Solo unos pocos pueden darse el lujo de escoger el colegio de sus hijos. La gran mayoría de las familias tiene que contentarse con lo que toca nomás, con lo que aguanta el bolsillo. Yo soy parte de los afortunados que pudieron elegir. No todas las alternativas están a mi alcance, pero sí tengo un abanico bastante amplio de opciones.

Aclarado ese punto, en mi caso buscar un jardín y un colegio para mis niños fue un proceso con el que pude reafirmar mi decepción y mi desconfianza hacia la educación tradicional. Y en ese mismo proceso descubrí que hay alternativas de educación que son totalmente válidas y que ofrecen un enfoque distinto, otra manera de abordar el aprendizaje y la vida escolar en general. Fue así como descubrí y escogí la educación Montessori, no solo para la etapa preescolar sino durante todos los años de colegio de Dinoniño y la Inspectora.

No voy a detenerme a explicar en qué consiste el método Montessori, porque creo que esa información está ampliamente disponible y basta con hacer un googleo rápido para hacerse una idea. Lo que sí me interesa es contarles por qué lo elegí, y por qué pienso mantener a mis hijos en este sistema durante toda su vida escolar.

 

Porque les fomenta la autonomía

Creo que en un afán por darles a sus hijos lo que ellos no tuvieron, muchos papás terminan entregándoles todo en bandeja, y hacen esfuerzos sobrehumanos para que no les falte nada. Además, les evitan la incomodidad de tener que tomar decisiones para que no se vayan a equivocar, y eligen dónde irán, qué hobbies tendrán, con qué amigos van a jugar (y en algunos casos, más adelante, qué carrera van a estudiar). ¿El resultado? Niños que no saben tomar decisiones, que no se hacen responsables de sus actos y que no tienen ni una pizca de determinación. Pues bien, el método Montessori busca que los niños desarrollen su propia autonomía, lo que a su vez les ayuda a creerse el cuento y sentirse capaces. Desde el primer día de jardín, son ellos los responsables de guardar sus mochilas, sacar su colación, ponerse y sacarse la ropa solos y elegir en qué quieren trabajar. Nuestra permanente tentación como adultos es hacer todo por ellos (porque es más rápido o por temor a que no lo hagan bien), pero en la filosofía Montessori el error es esperable y se usa como herramienta de aprendizaje. Acá a los niños no se los subestima, y es increíble todo lo que son capaces de hacer si uno afloja las riendas y los deja caminar con mayor independencia. Esa autonomía también los ayuda con su autoestima y les enseña sobre las consecuencias naturales de sus acciones.

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Porque no intenta estandarizar a los niños

Una de las cosas que más me desagrada de la educación tradicional ese afán por igualar a los niños, partiendo por el uniforme y el corte de pelo, y siguiendo por la adaptación, el ritmo de aprendizaje, los deportes que deben practicar y mil cosas más. En la mayoría de los jardines y colegios Montessori los niños van con ropa de calle y pueden usar el pelo como quieran. Las diferencias se reconocen y se aceptan, y cada niño es visto como un ser único con características que lo hacen distinto a los demás. Además, muchos de los uniformes tradicionales de colegio impiden precisamente que los niños sean autónomos a la hora de vestirse y desvestirse, porque están llenos de cierres, botones y cordones. Pero los niños no son diferentes solamente en su estilo de ropa y peinado; son distintos en cómo se relacionan con los demás y con el mundo, y también en cómo aprenden. Lo que me lleva al siguiente punto.

 

Porque respeta sus ritmos de aprendizaje

Hace un par de años, cuando Dinoniño comenzaba su segundo año en el jardín, estaba obsesionado con los números. Le fascinaba la representación gráfica de cada número y el hecho de que cada cifra pudiera representar una cantidad. Así que lo comenté con sus guías del jardín, y ellas lo llevaron al área de matemática de su salón para que pudiera trabajar con números a sus anchas. Y eso hizo por alrededor de un mes, hasta que su curiosidad y su entusiasmo quedaron saciados, y se dedicó a trabajar en otras áreas. Me pregunto yo qué habría pasado en un jardín tradicional: “pucha, mira, es que para septiembre tenemos calendarizado el trabajo con números y recién estamos en marzo, así que va a tener que esperar nomás”. Su entusiasmo se habría ido a las pailas y habría perdido el interés ante la falta de estímulo. En un ambiente Montessori, a los niños se les da la oportunidad de elegir en qué van a trabajar (dentro de un número acotado de opciones), algo que además los ayuda a conocerse mejor. Las guías (no se les llama tías) están ahí precisamente para guiarlos, mostrándoles cómo se hace cada trabajo. Y si un niño lleva mucho tiempo en una sola área o haciendo siempre el mismo trabajo, lo invitan a explorar otras actividades, pero siempre respetando sus inclinaciones y sus ritmos.

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Porque los educa para vivir en armonía, no para competir

Hoy en día a los niños se los está educando para ser exitosos. En el colegio deben sacarse buenas notas a cualquier precio, filo si no aprendieron, filo si no les interesó, y filo si el de al lado no le va tan bien. De hecho, mejor que le vaya mal para que no quede por encima de ellos. Es como una carrera, con niños en filita y con anteojeras, para que nada los distraiga de la meta, y si el de al lado se cae problema de él. Yo no sé cómo eso puede hacerle sentido a una persona con hijos, pero no es mi intención juzgar a nadie sino más bien buscar lo que a mí sí me hace sentido, y eso es precisamente un modelo en el que las notas pasan a segundo plano, donde se enseña a ayudar a quienes lo necesitan y aprender de quienes más saben (por eso hay cursos con niños de distintas edades). En la educación Montessori no hay anteojeras.

Más de una vez he escuchado que el método Montessori no es apropiado para niños más grandes, porque “hay que prepararlos para la vida real”. Pero ¿qué mejor preparación que entregarles herramientas para que sean independientes, para que se esfuercen por aprender y disfrutar de sus aprendizajes, para que ayuden a los demás y se cuestionen lo que ven? A mí me parece que como preparación es integral.

 

Porque promueve un estilo de vida saludable y respetuoso con la naturaleza

La armonía que se promueve en la educación Montessori va más allá de respetar a los compañeros. Tiene que ver con hacer conscientes a los niños de que son parte del mundo, y que el mundo es parte del universo, y que todo lo que aprenden está interconectado. La relación con la naturaleza es de respeto y cuidado, y va mucho más allá de tener basureros diferenciados para poder reciclar. En el jardín al que van mis hijos se les enseña una canción en la que agradecen a la tierra, al sol y a la lluvia por la colación que van a comer (la colación es siempre fruta), y aprenden a hacer compost con los desechos orgánicos como una forma de devolverle a la tierra lo que ella les da todos los días. Además, casi no hay materiales plásticos (pero sí mucha madera), en los salones siempre hay plantas, las paredes están pintadas de colores neutros y hay mucha luz natural. El equilibrio y la armonía son parte del entorno.

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Nuestra experiencia con la educación Montessori lleva pocos años, pero siento que ha sido un aprendizaje tremendo para mí como mamá, ya que me ha dado algunos de los pilares más sólidos en los que me apoyo permanentemente para criar a mis hijos. Me hace sentido porque a los niños se les trata con respeto, y porque es un sistema que se adapta perfecto a lo que yo llamo “felicidad responsable”: quiero que mis hijos sean felices, que gocen su vida y la vivan al máximo, pero también quiero que usen sus herramientas para ayudar a los demás, para cuidar de su entorno y para compartir su felicidad con otros.

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2 thoughts on “Por qué elegí la educación Montessori para mis hijos

  1. Me encantó el análisis. Siempre he pensado que si tuviera hijos optaría por este sistema educativo.
    Saludos!

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