Opinión

No te quedes en el pasado, nena

No te quedes en el pasado


No te quedes en el pasado

 

Cada vez que una mamá comparte una foto antigua de sus hijos en redes sociales, me asombra ver que casi siempre va acompañada de una hilera de emojis tristes y un comentario del tipo “Era tan chiquitiiito”, “No crezcas tan rápido” o “Dónde quedó mi guagua”.

Yo no sé ah, pero cuando Facebook me muestra una foto de mis niños cuando eran más chiquititos me invade unasensación de ternura, profundo amor, a veces incluso risa si se trata de alguna escena divertida, pero rara vez de nostalgia o pena.

¿Qué tengo, doctor, que no me molesta que mis hijos crezcan? ¿No está bien eso? Ver a mis hijos crecer es algo que no solo no me da pena, sino que realmente me fascina. Los comparo con su versión más pequeñita y me encanta darme cuenta del modo en que se van transformando, manteniendo algunas cosas y modificando totalmente otras. Me maravilla ver cómo dejan atrás distintas etapas y empiezan otras nuevas, y cada nueva época pasa a ser automáticamente mi favorita. ¡Es que de verdad me encanta verlos crecer!

Poder tener las primeras conversaciones con mi hijo mayor, por ejemplo, para mí marcó un hito. Era (y sigue siendo) fascinante poder descubrir lo que hay en su cabecita y que él mismo pueda contarme lo que piensa y lo que siente. ¿Cómo voy a preferir volver atrás, a esa época en la que me demoraba eternamente en tratar de descifrar lo que me estaba tratando de decir, que por lo general era algo del tipo “tengo hambre”? Me maravilla ver también cómo evolucionasu razonamiento, cómo había cosas que antes él no podía entender y de repente, ¡paf! Ahí está. Ya entendió. Casi puedo ver los engranajes moviéndose, trabajando y perfeccionándose.

Y con mi gorda chica me pasa lo mismo: ser testigo de la manera en que aflora su personalidad me parece un verdadero privilegio. Poder enseñarle cosas y que las aprenda y luego las adapte a lo quiere y necesita me llena de una satisfacción indescriptible. Ver cómo ella, en su condición de hermana chica, se mueve en un eterno vaivén entre querer imitar en todo a su hermano y dejar que su propios gustos sean los que la definan, esa dualidad que cada vez se hace más compleja porque su desarrollo permite que así ocurra, me encanta, y no volvería atrás por nada del mundo.

Y no, tampoco me da pena que mis niños vayan al jardín. Me encanta soltarlos y verlos caminar solos (literal y figuradamente), y descubrir de qué maneras sutiles han cambiado cuando vuelven a la casa. Creo, además, que es unbuen ejercicio como mamá aceptar y disfrutar el hecho de que ya no me necesitan para todo, que ya no es como en esa época en que dependían de mí y de mis cuidados en todo momento de sus vidas. Todavía me necesitan para muchas cosas, indudablemente, pero en el jardín tienen su propio mundo del que yo solo me entero en parte, así bien de lejos, cuando tienen ganas de contarme. Creo que me hace bien a mí y a ellos que les dé su espacio y su independencia. Y echarlos de menos es fantástico, porque me recargo de energía, me distraigo, pongo a trabajar mi mente en otros asuntos y cuando vuelven ya estamos listos para seguir nuestro camino juntos.

En definitiva, a pesar de habérmelo cuestionado más de alguna vez, no creo ser una descariñada por querer ver crecer a mis hijos. Tampoco me siento una mala madre por estar feliz de soltarlos un rato y darles su espacio. Lo único que ellos quieren es crecer y ser grandes; ¿por qué yo no habría de querer lo mismo?

Y ustedes, ¿qué mamás son? ¿Las que añoran el pasado o las que disfrutan el presente?

Tagged , , , ,

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público.